crítica

Memoria y espectáculo, ética y representación [FITEI 2017: Campo Minado, Lola Arias; Filhos do Retorno, Joana Craveiro/Teatro do Vestido; Daniel Faria, Pablo Fidalgo Lareo; E-nxada, Erva Daninha]

 

Óscar Cornago (CSIC, Madrid)

El teatro, básicamente, es un mecanismo para hacer presente un pasado: una persona que se sitúa en un espacio delante de un grupo de gente para hablar en nombre de otro u otros; incluso si habla en nombre propio no deja de traer un pasado a cuestas. La escena, dispositivo temporal por definición, se hace más teatral a medida que deja de sentir el pasado que arrastra. Pero el problema de la escena, como de la historia o del pasado, no es lo que ya ocurrió, sino lo que está ocurriendo; o lo que ya ocurrió, pero en relación a lo que está ocurriendo ahora. La escena inaugura un momento presente, un umbral de inestabilidad que se abre como un interrogante frente a lo que ya sucedió o lo que podría suceder. El espacio de trabajo, tanto del teatro como de la historia, tiene que ver con la construcción de este presente, que sin embargo es el lado menos visible, y por ello también el más frágil. Cuando pensamos en el pasado a menudo se habla de la necesidad de recuperarlo, traerlo al presente, conservarlo, actualizarlo, y no tanto de la situación presente en relación a la cual se le trata de dar un sentido. El problema, sin embargo, no está en lo que ya pasó, sino en lo que está pasando. La recuperación de la historia se ha convertido en una suerte de religión laica o deporte cultural, en una actividad que ostenta un valor simbólico en sí mismo, más allá de cualquier otra pregunta. El prestigio cultural del teatro como una actividad positiva en sí misma, más allá de la forma o la situación a la que dé lugar, se explica por su capacidad de conservar el pasado. Esto le da al teatro una dimensión patrimonial que queda fuera de cualquier cuestionamiento. Este capital simbólico aumenta cuando ese pasado remite a algún tipo de situación traumática. La historia se hace más necesaria allí donde se abrieron fisuras, y estas fisuras se identifican más fácilmente cuando guardan relación con episodios explícitos de violencia. Dicho de otro modo, cuando hay muertos se hace más necesaria la historia, y también el teatro, que opera con lo que ya no está.

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crítica

Para os filhos da madrugada [Um museu vivo de memórias pequenas e esquecidas]

Museu vivo de memórias

Um museu vivo de memórias pequenas e esquecidas. Investigação, texto, direcção e interpretação: Joana Craveiro. Colaboração criativa e assistência: Rosinda Costa e Tânia Guerreiro. Figurinos: Ainhoa Vidal. Desenho de luz: João Cachulo. Produção: Cláudia Teixeira. Assistente de produção: Igor de Brito. Co-produção: Teatro do Vestido e Negócio/ZDB. Apoio: Citemor.

32º Festival de Almada, 11 de Julho de 2015

Teatro-Estúdio António Assunção

O espectáculo de Joana Craveiro teve ante-estreia em Agosto de 2014 no Citemor Festival de Montemor-o-Velho, participou no Y#11 – Festival de Artes Performativas e estreou no Negócio/ZDB em Novembro do mesmo ano.

É um espectáculo que nasce daquilo a que Joana Craveiro chama “a curiosidade de saber de onde vem, como é e porque é que é assim” (dito na conversa que se seguiu ao espectáculo) e que deriva de uma pesquisa acerca das memórias e das formas de transmissão da história política e social portuguesa dos últimos 88 anos.

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